La muerte como la otra forma de la vida

La muerte no es el fin de todo sino la continuación de la vida por otros medios. No estamos hablando de una perspectiva sobrenatural ni mágico-religiosa, sino en un sentido natural-vitalista.

La presencia en ausencia de la persona —de los recuerdos de su pensamiento, del imaginario mágico-religioso, estético y cognoscitivo del Sujeto que desplegó en su paso por el mundo mientras estaba vivo— nos habla de una memoria activa que se materializa permanentemente.

A pesar de no estar presente materialmente, la ausencia del Sujeto tiene una eficacia ideológica que se materializa imaginariamente.

La representación de la muerte como separación remite a un estado de alienación social en el cual el espíritu se desprende del cuerpo. Y esa es la definición de muerte en la sociedad primitiva.

En los primitivos, el espíritu suele desprenderse del cuerpo y vaga por los lugares que conoció cuando estaba vivo. Este espíritu trata de meterse en el cuerpo para seguir viviendo, y en esa creencia se origina el animismo y el culto a los muertos como formas de religión primitivas, dice el maestro fundador de la Sociología en Las formas elementales de la vida religiosa, E. Durkheim.

De acuerdo con este autor, estas fueron las primeras formas de religiosidad. Y este sistema de creencias funciona todavía hoy en día como forma de superstición. Los rezos, las velas encendidas, el novenario, las misas de difuntos… todos esos rituales forman un conjunto de prácticas que imaginariamente favorecen la “salida del Purgatorio” y su posterior entrada en el cielo.

Para los primitivos, la muerte siempre era un acontecimiento sobrenatural porque no era un fenómeno natural, sino provocado por actos de hechicería o magia negra. Por tanto, había que tomar venganza, y esto podía desencadenar la apertura de un proceso de conflictos bélicos entre grupos rivales.

La actitud ante la muerte no ha sido igual en todas las culturas, sociedades y épocas históricas. En la sociedad tradicional, la muerte violenta era más infrecuente que la muerte no violenta.

Hoy tenemos dos actitudes fundamentales ante la muerte, de acuerdo con Pascal (1): “la de nuestra civilización técnica, que rechaza la muerte y la castiga con la prohibición, y la de las sociedades tradicionales, que no es rechazo sino imposibilidad de pensar en ella…”.

La medicalización de la muerte en la civilización moderna convierte un hecho natural en un evento técnico abordable solo desde el campo de la epidemiología y las estadísticas vitales.

La racionalidad médico-científico-técnica extrae la muerte de la vida cotidiana y de los mundos simbólicos e imaginarios del inconsciente colectivo, y la traslada al mundo de los controles científico-técnico-médicos y la racionalización científica.

Extraída la muerte de la vida cotidiana, se convierte en algo extraño a los “mundos de vida” del Sujeto común, alienándose y adoptando la forma de un objeto completamente ajeno a su subjetividad.

En la sociedad tradicional, profundamente determinada por la religión y la tradición, la muerte es un evento vital revestido de mucha solemnidad y ritualidad, no solo a nivel de las clases altas, sino también de las comunidades populares.

Hoy, la muerte violenta ocupa aproximadamente la tercera causa de muerte, epidemiológicamente hablando, y lo que era extraordinario en la sociedad tradicional se ha convertido en algo común y corriente; vale decir, se ha banalizado la muerte violenta y, por lo tanto, el Mal.

Notas
(1) Philippe Ariès, El hombre ante la muerte, 1983, Ed. Taurus. Pascal citado por Ariès.

Por Francisco Rodríguez

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Francisco Antonio Rodríguez
Francisco Antonio Rodríguez
El Dr. Francisco Antonio Rodríguez nació en 1950 en la isla de Margarita en Venezuela y ha vivido desde hace mucho tiempo en Ciudad Bolívar. Es sociólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV) en Caracas, donde también obtuvo su doctorado en Sociología. Profesor universitario jubilado con la categoría de Titular (máximo escalafón académico) de la Universidad de Oriente (UDO) de Ciudad Bolívar. Es autor de varios libro en su área, tales como: Crítica del sujeto como fundante de una reflexión crítica social, Sujeto cognoscente: la razón como imaginario, Sujeto y Postmodernidad, Violencia social: Sociogénesis del Mal. El Paradigma ed la Pulverización social, Inconsciente enter otros. Y cientos de artículos en revistas de divulgación, periódicos y reportes científicos, así como conferencista invitado a eventos académicos.

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